
Detenga los cuellos de botella en su mostrador de panadería
Todos hemos visto esto: cuando llega la hora pico por las mañanas, la cola se extiende hasta afuera del local, y de repente todo se ralentiza en el mostrador de servicio. ¿Cuál es la causa principal? Esas lámparas que tardan demasiado en calentarse.
Para cuando la comida está lista para ser servida, ya ha perdido algo de calor. El personal trabaja frenéticamente, los clientes esperan, y la comida no sale como debería.
La solución es más sencilla de lo que parece: reemplazar las lámparas antiguas por lámparas de onda corta infrarroja (IR).
Por qué funciona
La mayoría de las lámparas intentan calentar primero el aire que rodea la comida. Eso lleva mucho tiempo. Las lámparas de onda corta infrarroja son diferentes: emiten energía radiante directamente sobre la comida en cuanto se encienden. No hay demoras ni necesidad de esperar a que la lámpara se caliente. Simplemente funciona. Esto permite que la producción continúe sin interrupciones y asegura que la comida permanezca caliente hasta que llegue a manos del cliente.
Elegir la opción adecuada
No quiere pasar el fin de semana reparando todo el sistema eléctrico del mostrador. Para simplificar, basta con adaptarlas a las dimensiones existentes. La mayoría de estas lámparas utilizan tubos de vidrio de cuarzo con conectores R7 o SK15. Son prácticamente “listas para usar”. Al elegirlas, debemos asegurarnos de que la potencia por centímetro sea suficiente para calentar la comida desde la altura de la lámpara.
Un consejo rápido: si pasa de una lámpara de 250 W a una de 500 W para obtener más calor, verifique bien los cables. Los circuitos antiguos pueden verse afectados por ese aumento de carga, y nadie quiere que un fusible se rompa en medio de un momento crítico.
La desventaja
El problema es que este calor es muy intenso. Debido a ello, hay un margen de error muy reducido. Si la comida está demasiado cerca de la lámpara, se quemará antes de que el centro se caliente. Habrá que ajustar la altura de montaje para encontrar el equilibrio perfecto. Requiere algo de ajuste, pero es un pequeño precio a pagar para tener un sistema eficiente.